La Confesión Bautista de Fe de 1689 no nació en el vacío ni representó una ruptura caprichosa con el cristianismo histórico. Este documento doctrinal es el fruto maduro de la Reforma Protestante, redactado por hombres que buscaron fundamentar cada una de sus convicciones en la autoridad absoluta de la Palabra de Dios.
Abrazar esta confesión en la actualidad no es un ejercicio de nostalgia ni una adhesión a invenciones sectarias. Constituye una afirmación consciente de la ortodoxia cristiana histórica, forjada en medio de intensas luchas civiles y persecuciones religiosas en la Inglaterra del siglo XVII.
La continuidad del camino de la Reforma Protestante
La obra del Espíritu Santo en la restauración de la verdad bíblica no se detuvo con los primeros reformadores. Si bien la Confesión de Fe de Westminster (1646/1648) representa un monumento teológico invaluable para la iglesia de Jesucristo, el movimiento de reforma impulsado por las Escrituras continuó su curso natural hasta plasmarse en la Segunda Confesión de Fe de Londres.
Los bautistas particulares no buscaron distanciarse de la herencia de la Reforma, sino llevar sus principios a su conclusión lógica y bíblica. Reconocieron que el principio de Sola Scriptura debía gobernar no solo la soteriología, sino también la eclesiología y la administración de las ordenanzas.
"A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido."
— Isaías 8:20 (RVR1960)
Por esta razón, la confesionalidad bautista no es una novedad teológica. Es el robustecimiento de la fe que fue una vez dada a los santos, articulada con precisión sistemática para salvaguardar a la iglesia local del error y la deriva doctrinal.
El contexto histórico: La Inglaterra convulsa del siglo XVII
El siglo XVII británico se caracterizó por una profunda inestabilidad política, social y espiritual. El enfrentamiento entre el Rey Carlos I —quien reclamaba el derecho divino de los reyes y pretendía imponer el anglicanismo rígido— y un Parlamento de fuerte inclinación presbiteriana sumió a la nación en una sangrienta guerra civil.
En medio de este conflicto institucional, los bautistas particulares calvinistas se hallaron en una posición sumamente vulnerable. No podían respaldar la estructura jerárquica y el ritualismo de la Iglesia de Inglaterra, pero tampoco aceptaban la imposición de un sistema presbiteriano estatal promovido por el Parlamento.
La persecución y la acusación injusta de anabaptismo
Los detractores de los bautistas intentaron descalificarlos asignándoles la etiqueta despectiva de "anabaptistas". Con ello buscaban vincularlos intencionalmente con los fanáticos de la Reforma Radical, responsables de desórdenes civiles como la revuelta de Münster en Alemania en 1535.
Aquel señalamiento buscaba provocar la intervención del brazo secular contra las congregaciones bautistas. Para desmontar semejante calumnia, las iglesias bautistas particulares se vieron en la necesidad imperiosa de publicar sus declaraciones de fe.
Deseaban demostrar al mundo que sus doctrinas eran profundamente calvinistas, puritanas y respetuosas del orden civil instaurado por Dios.
"Sometase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas."
— Romanos 13:1 (RVR1960)
Hitos clave hacia la redacción de la Confesión de 1689
1. La Primera Confesión de Fe de Londres (1644)
Hacia 1642, la circulación de escritos hostiles incitaba a las autoridades contra los bautistas. En 1643, mientras se congrega la Asamblea de Westminster para estructurar la religión del reino, siete iglesias bautistas de Londres decidieron actuar.
En 1644 publicaron la Primera Confesión de Fe de Londres. Para redactarla no inventaron una teología nueva; utilizaron como base La Confesión Verdadera de 1596 y la obra La Médula de la Teología del destacado puritano William Ames. El documento aclaraba su postura calvinista sobre la salvación y su visión bíblica del bautismo de creyentes.
2. La Declaración de Saboya (1658) y el documento de 1677
Tras la ejecución de Carlos I y durante el periodo del Protectorado de Oliver Cromwell, los congregacionalistas —liderados por teólogos de la talla de John Owen y Thomas Goodwin— redactaron la Declaración de Saboya en 1658. Este escrito adoptó la teología de Westminster, pero modificó el gobierno de la iglesia para otorgar autonomía a las congregaciones locales.
Años más tarde, los bautistas particulares tomaron el texto de Westminster y la Declaración de Saboya para redactar un nuevo borrador en 1677. Preservaron el consenso teológico histórico, adaptando con cuidado los capítulos referidos a la Teología del Pacto y la eclesiología.
"A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén."
— Efesios 3:21 (RVR1960)
3. La promulgación de 1689
A causa de la persecución desatada bajo la restauración monárquica de los Estuardo, el texto preparado en 1677 debió ser guardado y distribuido de manera discreta.
No fue sino hasta la Revolución Gloriosa y la posterior aprobación de la Ley de Tolerancia de 1689 por parte del Parlamento, que los bautistas gozaron de libertad legal para reunirse abiertamente. Representantes de más de cien iglesias locales se congregaron en Londres para ratificar y adoptar formalmente el texto que hoy conocemos como la Confesión Bautista de Fe de 1689.
¿Existen diferencias substanciales entre 1644 y 1689?
Al cotejar ambos documentos se observan diferencias en el volumen, el método pedagógico y la sofisticación del lenguaje. La edición de 1689 es un texto más extenso, maduro y técnico en su vocabulario doctrinal.
Sin embargo, no existe divergencia de fondo en el contenido teológico. La Confesión de 1689 no rectificó las convicciones de 1644; las profundizó y articuló mejor para responder a los desvíos doctrinales de su época, como el arminianismo y el socinianismo.
Cuatro razones prácticas para estudiar nuestra historia confesional
1. Afianzar la identidad y la conciencia cristiana
El creyente que desconoce sus raíces es presa fácil de cualquier viento de doctrina. Comprender que formamos parte de una línea histórica de creyentes puritanos y calvinistas nos arraiga en la verdad y fortalece nuestra convicción ante la presión de la cultura secular.
2. Educar con mansedumbre a quienes ignoran el legado reformado
Existe un profundo desconocimiento sobre el origen de los bautistas reformados dentro del pueblo evangélico. Conocer los hechos históricos nos capacita para corregir ideas equivocadas con gracia, mostrando que nuestra fe no nació en el siglo pasado.
"Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante to
do el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros." — 1 Pedro 3:15 (RVR1960)
3. Construir una apología sólida de la fe
Estudiar el desarrollo de nuestras confesiones de fe nos brinda herramientas para defender el cristianismo bíblico. Nos ayuda a distinguir entre las doctrinas esenciales del evangelio y las prácticas modernas desprovistas de sustento bíblico.
4. Fortalecer la fe personal en la providencia divina
Comprender que la Confesión de 1689 fue escrita por hombres golpeados por la persecución, pero sostenidos por la gracia, llena el corazón de aliento. Nos demuestra que Dios preserva a su Iglesia a lo largo de las generaciones.
Conclusión
La historia de la Confesión Bautista de Fe de 1689 no es un mero registro del pasado; es un testimonio de la fidelidad de Dios en medio de la prueba. Que el Señor nos conceda la gracia de mantenernos firmes en estas mismas verdades, proclamando con valentía la supremacía de Cristo y la suficiencia de su Palabra en nuestra generación.
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, reservada en los cielos para vosotros."
— 1 Pedro 1:3-4 (RVR1960)
Soli Deo Gloria.